miércoles, 22 de octubre de 2025

Cuando el Planeta tiembla: entre Dogmas, Megalomanías y Guerras que no se apagan

 

Por Francisco El Jimagua Cartagena

Escritor, Activista de Derechos Humanos

El planeta Tierra no está solo en crisis climática. Está en crisis de conciencia. Y no hay termómetro que mida el daño que provocan las ideologías religiosas cuando se convierten en armas, los líderes megalómanos cuando se creen dioses, y los fanáticos cuando eligen personas ineficientes o corruptas para gobernar sus pueblos.

Las ideologías religiosas, cuando se absolutizan, dejan de ser caminos de fe y se convierten en trincheras. En nombre de Dios se han justificado guerras, exclusiones, castigos y silencios. Se ha perseguido al diferente, se ha negado el derecho a amar, y se ha bendecido la desigualdad. No es la espiritualidad lo que daña, sino el dogma que se impone como verdad única. En muchos países, la religión ha sido usada para justificar políticas que niegan derechos humanos básicos, desde el acceso a la salud hasta la libertad de expresión.

Luego están los líderes megalómanos como Donald Trump en Estados Unidos, Benjamín Netanyahu en Israel o Javier Milei de Argentina, por mencionar algunos ejemplos. Son líderes políticos que no gobiernan: se adoran. Se rodean de espejos, de aplausos comprados, de leyes hechas a su medida. No escuchan, no dialogan, no ceden. Su ansia de poder es tan voraz que devora instituciones, prensa libre, y hasta el sentido común. En sus discursos, el pueblo es una excusa, no una prioridad. Y mientras ellos se blindan, sus países se hunden en la desigualdad, la censura y el miedo.

Pero lo más doloroso es que estos líderes no llegan solos. Llegan porque los eligen. Porque hay fanáticos que prefieren al líder antes que la verdad. Personas que realizan un voto electoral  por el miedo, el odio infundado o bajo engaños institucionales, antes que por la justicia. Se confunde fuerza con sabiduría, y espectáculo con ética. Los y las fanáticos/as son quienes celebran el castigo, justifican el abuso, y repiten mentiras como si fueran himnos. En sus manos, la democracia se convierte en una ruleta rusa.

Y mientras todo esto ocurre, el planeta arde. El calentamiento global no es una metáfora: es una herida abierta. Los glaciares se derriten, los océanos se elevan, las sequías se prolongan, y los huracanes se intensifican. Pero los mismos líderes que niegan derechos, niegan también la ciencia. Y los mismos fanáticos que aplauden el autoritarismo, aplauden también la destrucción del ambiente si se les promete riqueza inmediata.

Como escritor, como activista, como ser humano, no puedo callar. Porque el silencio también contamina. Y porque cada palabra que denuncia puede ser una semilla de conciencia. No basta con reciclar si seguimos eligiendo líderes que prefieren ignorar o desmentir el problema con reciclar o establecer acciones eco amigables, si se eligen líderes que prefieren ignorar o desmentir el problema ambiental global que enfrentamos. No basta con rezar si usamos la fe para excluir. No basta con votar si lo hacemos sin memoria, sin ética, sin amor por la tierra que nos sostiene.

El planeta no necesita más discursos. Necesita decisiones. Y sobre todo, necesita que dejemos de elegir líderes sin méritos para gobernar nuestras vidas. Porque cuando el poder se convierte en culto, la religión en castigo, y el pueblo en fanatismo, lo que se quema no es solo el bosque: es la esperanza de la propia humanidad. Comentarios al autor: eljimagua@live.com.

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