Columna de Opinión
Por: Francisco “El Jimagua” Cartagena Méndez
Escritor, Activista, Editor Académico, Revisor por Pares
Hablar de la desigualdad y pobreza infantil en Puerto Rico, es hablar de un sistema colonial que ha fallado desde siempre en proteger a aquellos que no son responsables de las crisis que hemos heredado. La desigualdad que enfrentan nuestros niños no se trata solo de no tener suficiente dinero; implica privaciones en su salud, educación, vivienda, servicios esenciales y perspectivas de desarrollo.
Estas disparidades aumentan en gran medida, dependiendo de dónde se nace, la clase social y la racialización de la pobreza, particularmente en comunidades rurales y afrodescendientes. La desigualdad en nuestro país, es el resultado de estructuras políticas locales —sostenidas durante décadas por el Partido Popular Democrático y el Partido Nuevo Progresista— junto con mecanismos externos impuestos por Estados Unidos, que han normalizado la inequidad como parte del funcionamiento cotidiano del país.
Ante esta realidad, existe un mecanismo biológico del que rara vez se habla en el ámbito público: el estrés tóxico, un concepto desarrollado por la Universidad de Harvard en 2014. En Puerto Rico, la exposición constante a la pobreza, la inseguridad alimentaria, los apagones, la violencia comunitaria y la inestabilidad en el hogar activa de manera persistente los sistemas de respuesta al estrés en los niños. Esa activación crónica altera la regulación emocional, interrumpe la atención, afecta el aprendizaje y moldea patrones de comportamiento que se manifiestan a lo largo de la infancia y la vida. El estrés tóxico, además, tiene efectos directos en el cerebro y en el desarrollo emocional de toda una generación.
Lo cierto es, que el estatus colonial de Puerto Rico no es una característica abstracta dentro de este problema social. La creación de la Junta de Supervisión Fiscal en 2016 profundizó aún más la dependencia colonial al transferir decisiones presupuestarias a una entidad externa sin control democrático por parte del pueblo. Desde entonces, las medidas de austeridad de la JSF han reducido fondos para educación, salud, servicios sociales y trabajo comunitario, debilitando las protecciones diseñadas para sostener a la niñez.
De hecho, en lugar de una recuperación robusta, a una década de la imposición de la JSF la economía del país es inestable porque depende de fondos federales temporales y no hay indicios de un crecimiento estructural considerable. Pero la austeridad no lo es todo. El funcionamiento de la Junta en sí, representa un drenaje multimillonario para un país que ya enfrenta altos niveles de pobreza infantil. Investigaciones independientes mostraron que entre 2017 y 2023 la JSF gastó más de $1.5 mil millones en consultores y asesores, un total que aumentó a $2.022 mil millones para 2024. Todo esto se pagó con dinero público del Gobierno de Puerto Rico.
Mientras tanto, miles de niños permanecen sin servicios vitales necesarios, vivienda inestable y en comunidades donde la desigualdad se experimenta de arriba a abajo. La paradoja es evidente: un organismo creado para "limpiar" las finanzas públicas termina derrochando recursos que podrían destinarse a abordar la pobreza infantil, la construcción de escuelas más fuertes, recursos de salud mental, y garantizar vivienda segura.
No solo el colonialismo y la austeridad limitan el potencial de desarrollo de nuestro país; también lo limitan quienes impulsan un ciclo de disparidad y dependencia que impactará la salud, el comportamiento y el futuro de nuestros niños.
Si Puerto Rico quiere avanzar hacia un futuro más justo, debe reconocer que la pobreza infantil no es una casualidad, sino un reflejo desafortunado e inevitable de décadas de mala política pública en la isla. Pero también es consecuencia de elecciones políticas, del fanatismo partidista, la corrupción gubernamental, y modelos de gobernanza que ponen la prudencia fiscal por encima de las personas. Y si estas decisiones siguen costando un precio a los niños, no habrá esperanza de recuperación. Correo del autor: eljimagua@live.com
