Por: Francisco “El Jimagua” Cartagena Méndez -NotiDigitalPR
Ante tanta desinformación pública sobre este tema, comienzo señalando que incorporar la educación sexual y la perspectiva de género al currículo puede contribuir a sensibilizar las relaciones sociales mediante la adquisición de conocimientos que fomenten el respeto, la igualdad y una convivencia más saludable. Educar sobre estas realidades no significa imponer una determinada manera de pensar o vivir la sexualidad, sino proporcionar herramientas para comprender una sociedad diversa y aprender a relacionarnos respetando la dignidad de las demás personas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que el género comprende características socialmente construidas asociadas con mujeres, hombres, niñas y niños, incluidas normas, comportamientos, roles y relaciones. Estas construcciones pueden variar entre sociedades y a través del tiempo. Además, las desigualdades y normas rígidas relacionadas con el género pueden contribuir a experiencias de estigmatización y discriminación y producir consecuencias para la salud y el bienestar de las personas.
En mi opinión, toda forma de discriminación alimentada por la desinformación resulta inaceptable. El desconocimiento sobre los derechos sexuales y la diversidad humana puede contribuir a perpetuar prejuicios y prácticas discriminatorias. Desarrollar currículos que aborden la sexualidad, las relaciones de género, la orientación sexual y la identidad de género de manera científicamente fundamentada y apropiada para las distintas etapas del desarrollo permite educar tempranamente sobre realidades sociales presentes en la vida de niños, adolescentes y jóvenes. Estas realidades no desaparecen simplemente porque se omitan del salón de clases.
La investigación científica proporciona razones adicionales para considerar estos contenidos dentro de la educación. Levy et al. (2020), mediante una revisión sistemática de 61 evaluaciones correspondientes a 59 programas dirigidos a niños, adolescentes y adultos jóvenes, encontraron que el 74 % de las evaluaciones presentó mejoras significativas en indicadores relacionados con la salud o el género. Los programas con mayor potencial para producir transformaciones amplias de las normas de género se caracterizaron, entre otros elementos, por fomentar la conciencia crítica, la participación y el empoderamiento de las comunidades involucradas.
La evidencia específicamente relacionada con la educación sexual resulta igualmente reveladora. Sell, Oliver y Meiksin (2023), en una revisión sistemática de programas escolares que incorporaban contenidos sobre género y relaciones de poder, identificaron como elementos relevantes la participación estudiantil, el diálogo abierto, la reflexión sobre las experiencias del estudiantado y el análisis crítico de las normas de género y las relaciones de poder. Estos componentes fueron vinculados con mecanismos como el empoderamiento y la transformación de normas de género.
Una revisión sistemática más reciente refuerza esa evidencia. Balia, Meiksin y Sell (2025) examinaron 11 intervenciones escolares de educación sexual integral que abordaban críticamente el género y las relaciones de poder. Los investigadores encontraron efectos positivos en la mayoría de los indicadores relacionados con relaciones saludables, así como en conocimientos, actitudes e intenciones vinculados con la salud sexual y reproductiva. Los resultados sobre comportamientos sexuales y reproductivos fueron más heterogéneos, por lo que los propios investigadores señalan la necesidad de continuar evaluando estos programas en contextos sociales y culturales diversos.
Estos hallazgos son importantes porque permiten sacar la discusión sobre la perspectiva de género del terreno exclusivo de la confrontación ideológica. Preguntarnos si debemos educar sobre género, poder, consentimiento, respeto y diversidad también es una pregunta educativa y científica. De hecho, investigaciones anteriores ya habían encontrado diferencias importantes entre programas de educación sexual que incorporaban género y relaciones de poder y aquellos que no lo hacían. Una revisión de 22 intervenciones encontró que los programas que abordaban género o poder tenían mayor probabilidad de producir resultados positivos relacionados con infecciones de transmisión sexual o embarazos no intencionales.
Un gobierno que procura responder mediante su política pública a las transformaciones de la sociedad debe hacerlo desde principios de equidad y sin excluir las realidades que componen la diversidad de las familias contemporáneas. La política educativa no debería construirse desde el miedo a determinados conceptos, sino desde la evidencia científica, el desarrollo apropiado del estudiantado, los derechos humanos y la responsabilidad de preparar personas capaces de convivir respetuosamente dentro de una sociedad plural.
Educar sobre sexualidad y perspectiva de género en las escuelas también puede constituir una herramienta para prevenir distintas manifestaciones de discriminación y violencia. La guía técnica internacional de la UNESCO reconoce el potencial de la educación sexual integral para contribuir a prevenir o reducir la violencia de género, la violencia en las relaciones de pareja y la discriminación, además de promover normas más equitativas y relaciones saludables. La propia UNESCO advierte, sin embargo, que la evidencia rigurosa sobre algunos de estos resultados no relacionados directamente con la salud continúa siendo limitada. Esa precisión es importante: la educación no constituye por sí sola una solución automática a problemas sociales complejos, pero sí puede formar parte de su prevención.
Después de todo, ¿qué tiene de malo enseñar que nadie es dueño de nadie y que todas las personas merecen respeto?
La educación sexual desde edades tempranas, adaptada al desarrollo y madurez del estudiantado, permite superar omisiones educativas y tabúes relacionados con el conocimiento del cuerpo, las relaciones interpersonales, el consentimiento y la convivencia social. Excluir estos contenidos puede mantener espacios de desconocimiento sobre la diversidad humana y las distintas realidades con las que el estudiantado convive o podrá encontrarse a lo largo de su vida. Debemos fomentar una educación sobre la sexualidad basada en el conocimiento, el respeto, la responsabilidad y la dignidad humana, reconociendo la diversidad sexual y social que forma parte de la realidad puertorriqueña.
Basta ya de la desinformación promovida desde los sectores religiosos fundamentalistas.
#NiUnaMenos #NiUnoMenos
Referencias
Balia, M., Meiksin, R., & Sell, K. (2025). Comprehensive sexuality education addressing gender and power: A systematic review of intervention effects. Sex Education. Artículo
Levy, J. K., Darmstadt, G. L., Ashby, C., Quandt, M., Halsey, E., Nagar, A., & Greene, M. E. (2020). Characteristics of successful programmes targeting gender inequality and restrictive gender norms for the health and wellbeing of children, adolescents, and young adults: A systematic review. The Lancet Global Health, 8(2), e225–e236. PubMed
Sell, K., Oliver, K., & Meiksin, R. (2023). Comprehensive sex education addressing gender and power: A systematic review to investigate implementation and mechanisms of impact. Sexuality Research and Social Policy, 20, 58–74. Artículo de acceso abierto
UNESCO. (2018). International technical guidance on sexuality education: An evidence-informed approach. Documento de UNESCO
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