miércoles, 28 de octubre de 2026

Maternidad y crianza: aprender a cuidar sin olvidarnos de nosotras mismas – Columna de Opinión

 

 

Especial para NotiDigitalPR

Por Carmen Cabrer

Educadora Prenatal, Consultora de Lactancia IBCLC

La maternidad transforma la vida de una persona mucho antes de que nazca su bebé. Comienza durante la gestación, entre expectativas, preguntas, emociones y sueños sobre la cría que llegará. Sin embargo, pocas veces se habla con suficiente profundidad de cómo también cambia la identidad, las prioridades, las relaciones y la manera en que una mujer se percibe a sí misma.

En el recorrido de los primeros 1000 días, desde la gestación hasta los dos años de vida, la crianza no consiste únicamente en alimentar, proteger y acompañar el desarrollo de un infante. También implica reconocer las necesidades emocionales, físicas y sociales de quienes asumen la responsabilidad de cuidar. En el caso particular de las madres, este reconocimiento también debe incluir los cambios hormonales, las transformaciones físicas y las necesidades emocionales propias de la gestación y el posparto, recordando que cuidar de sí mismas es igualmente importante para su bienestar y el de sus hijos.

Convertirse en madre no significa dejar de ser mujer, tener todas las respuestas ni saber hacerlo todo desde el primer día. Significa comenzar un proceso de aprendizaje que se construye con el tiempo, las experiencias y el acompañamiento adecuado.

Vivimos en una sociedad que, con frecuencia, presenta una imagen idealizada de la maternidad. Las redes sociales muestran habitaciones perfectas, bebés tranquilos, familias sonrientes y madres que parecen tenerlo todo bajo control. Pero detrás de muchas experiencias reales existen noches de poco descanso, dudas, cambios hormonales, recuperación física, preocupaciones económicas y emociones que pueden resultar difíciles de expresar.

La maternidad puede traer una alegría inmensa y, al mismo tiempo, cansancio, incertidumbre o tristeza. Estas emociones pueden coexistir y no hacen que una madre ame menos a su bebé. Reconocer esta realidad permite sustituir las expectativas irreales por una mirada más humana, comprensiva y respetuosa.

La crianza también es un proceso de aprendizaje para los adultos. Cada bebé tiene su propio temperamento, sus necesidades y su ritmo de desarrollo. Aprender a interpretar sus señales, responder a su llanto, ofrecer consuelo y establecer vínculos seguros requiere tiempo, observación y paciencia. No se trata de hacerlo todo perfectamente, sino de construir una relación en la que el infante encuentre protección, afecto y disponibilidad emocional.

Durante los primeros años, las experiencias cotidianas adquieren un valor extraordinario. Hablarle al bebé, cantarle, leer juntos, jugar en el suelo, responder a sus gestos y ofrecerle consuelo son oportunidades para fortalecer el vínculo afectivo y favorecer su desarrollo. No hacen falta juguetes costosos ni actividades complicadas para acompañar su crecimiento. La presencia sensible y las interacciones significativas son fundamentales.

Pero ¿quién cuida a quien cuida? El apoyo de la pareja, los familiares, las amistades y los profesionales puede marcar una diferencia importante. Compartir las responsabilidades, facilitar el descanso, escuchar sin juzgar y ofrecer ayuda concreta son formas de acompañamiento que alivian la carga física y emocional. Pedir ayuda no representa una debilidad; es reconocer que la crianza no debería vivirse en soledad.

Asimismo, es importante identificar cuándo el malestar emocional necesita atención profesional. La tristeza persistente, la ansiedad intensa, la sensación de desesperanza o la dificultad para realizar las actividades cotidianas merecen ser atendidas. Buscar ayuda a tiempo es una forma de cuidar tanto a la madre como al bebé.

Hablar de maternidad también significa aceptar que cada familia tiene circunstancias particulares. Las recomendaciones deben ofrecer orientación, no convertirse en una lista de exigencias imposibles. La información basada en evidencia, el respeto por las decisiones familiares y el acceso a servicios de salud y apoyo son indispensables para una crianza más saludable.Criar no significa olvidarse de una misma. Significa aprender a crecer junto a nuestras crías, sin perder de vista que quienes cuidan también merecen ser cuidados.

Para mayor información pueden visitar la página Web de la autora: www.lacted.com

Periodismo Independiente con Propósito

 

1 comentario:

  1. Excelente escrito, como madre soltera me identifico muchísimo.

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