viernes, 2 de octubre de 2026

Supermercados bajo presión: energía, costos y menor poder de compra amenazan al comercio en Puerto Rico

 

Puerto Rico enfrenta altos costos energéticos.
 

Por: Francisco J. Cartagena Méndez - El Jimagua

NotiDigitalPR | Reseñas periodísticas 

Puerto Rico comenzó octubre de 2026 con una nueva presión sobre una economía en la que comerciantes y consumidores ya enfrentaban elevados costos de operación y señales de cautela en el gasto. El aumento en la tarifa eléctrica, que llevó el costo de la electricidad a aproximadamente 33.86 centavos por kilovatio-hora, introduce ahora una variable adicional que puede repercutir mucho más allá del recibo mensual: desde el costo de mantener refrigerados los alimentos hasta la capacidad de las empresas para contratar, ampliar operaciones y competir.

Para el sector de supermercados, la electricidad constituye un insumo difícil de reducir. Neveras, congeladores, cámaras de refrigeración, acondicionadores de aire, iluminación, equipos de preparación de alimentos y sistemas electrónicos deben funcionar durante extensas jornadas. A ello se añade una realidad particular de Puerto Rico: las interrupciones del servicio obligan a muchos establecimientos a mantener sistemas de generación de emergencia, asumir gastos de combustible y proteger inventarios perecederos.

El problema, sin embargo, no termina en el establecimiento comercial. La misma tarifa que aumenta los gastos del supermercado también incrementa el costo de vida del consumidor que llega a sus góndolas.

Una cadena de costos que termina en el consumidor

Concepto: NotiDitalPR
Manuel Reyes Alfonso, vicepresidente ejecutivo de la Cámara de Mercadeo, Industria y Distribución de Alimentos (MIDA), advirtió esta semana que el incremento eléctrico repercute a través de los diferentes componentes de la cadena alimentaria. Transportación, elaboración, distribución y venta enfrentan costos que eventualmente pueden reflejarse en el precio final de los productos. Puerto Rico, además, importa más del 80 % de los alimentos que consume, por lo que el sector combina el costo energético local con transportación marítima, combustible y otros gastos operacionales.

La preocupación adquiere mayor relevancia porque el aumento energético ocurre cuando ya existen indicios de mayor cautela entre los consumidores.

La Radiografía del Consumidor 2026, preparada por MIDA, encontró una reducción leve pero generalizada en diferentes partidas del gasto mensual. En alimentos, el gasto promedio reportado disminuyó aproximadamente 5 %, equivalente a $19 mensuales, mientras que en productos para el hogar la reducción alcanzó 14 %, unos $18. MIDA ha relacionado esos movimientos con cambios en los patrones de consumo y con un ambiente de incertidumbre económica.

Que disminuya el gasto en alimentos no significa necesariamente que las familias dejen de alimentarse. Puede significar cambios en las decisiones de compra: sustitución de productos, búsqueda de alternativas más económicas, reducción de artículos no esenciales o redistribución del presupuesto familiar.

La consecuencia puede convertirse en una contradicción difícil para los supermercados: sus costos aumentan precisamente cuando parte de su clientela intenta gastar menos.

El efecto dominó

La presión energética tampoco debe analizarse exclusivamente desde el precio de los productos.

El efecto repercute en muchas decisiones.
Una empresa que enfrenta aumentos sostenidos en electricidad, combustible, transportación y otros componentes de operación dispone de varias alternativas antes de llegar al cierre: absorber parte del aumento reduciendo sus márgenes, trasladarlo parcialmente al consumidor, reducir horarios, controlar inventarios, posponer inversiones, congelar contrataciones o disminuir otros gastos.

Cada una de esas decisiones puede producir consecuencias fuera del propio establecimiento. Si un comercio reduce horas laborales, por ejemplo, disminuye el ingreso disponible de algunos trabajadores. Si las familias tienen menos dinero disponible —o deben dedicar una proporción mayor de sus ingresos a electricidad y necesidades esenciales— también disponen de menos recursos para consumir en otros sectores.

Puede producirse entonces un circuito de presión:

mayores costos operacionales → menor margen empresarial → menor inversión o contratación → menor ingreso disponible → reducción del consumo → menor actividad comercial.

No significa que todos los negocios recorrerán necesariamente esa secuencia ni que pueda anticiparse actualmente cuántos cerrarían. Sí identifica un mecanismo económico que merece seguimiento durante los próximos meses.

Competir desde Puerto Rico

Existe además un problema de competitividad.

Los datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) muestran que Puerto Rico arrastraba desde antes del aumento actual costos eléctricos elevados. En 2024, el precio promedio comercial fue de 24.57 centavos por kWh y el industrial de 23.65 centavos. En 2022, durante otro periodo de costos energéticos particularmente altos, el promedio comercial llegó a 31.09 centavos.

La tarifa que comenzó a regir el 1 de octubre vuelve a colocar la electricidad en niveles extraordinariamente altos. El nuevo precio residencial aproximado de 33.86 centavos por kWh contrasta con un promedio de 18.3 centavos en Estados Unidos, según datos citados por Associated Press.

MIDA ha advertido que esa diferencia afecta particularmente a productores y elaboradores locales que deben competir con mercancías procedentes de jurisdicciones donde los costos energéticos y otras cargas operacionales pueden ser menores. Reyes Alfonso planteó que llega un punto en que determinadas empresas locales pueden perder capacidad para competir.

El asunto trasciende entonces la supervivencia inmediata de un establecimiento. Una estructura de costos persistentemente elevada puede influir en decisiones empresariales sobre abrir una nueva localidad, ampliar instalaciones, contratar trabajadores, extender horarios o realizar inversiones de capital.

No todos los supermercados enfrentan el mismo riesgo

El impacto tampoco será necesariamente uniforme.

Una cadena con múltiples establecimientos puede disponer de mayor capacidad financiera, volumen de compra, acceso a crédito y poder de negociación con suplidores. Algunos operadores también pueden invertir en sistemas solares, baterías, equipos de refrigeración eficientes y otras tecnologías destinadas a disminuir su exposición al sistema eléctrico.

Un supermercado independiente o pequeño comerciante puede tener mucho menos margen para realizar esas inversiones o absorber aumentos prolongados.

Esta diferencia plantea una pregunta que deberá observarse durante 2027: ¿podría el encarecimiento de operar en Puerto Rico acelerar una mayor concentración del mercado, favoreciendo a las empresas con suficiente escala y capital para resistir?

Por ahora, sería prematuro concluir que ese proceso ocurrirá. El sector continúa mostrando actividad y existen establecimientos locales con largas trayectorias; MIDA, por ejemplo, informó esta misma semana que Supermercados Famcoop TM en Orocovis alcanzó 40 años de operaciones.

Precisamente por eso será importante distinguir entre empresas que continúan expandiéndose, aquellas que mantienen operaciones y las que comiencen a mostrar señales de contracción.

El consumidor también está cambiando

El panorama no es exclusivamente negativo. La Radiografía del Consumidor 2026 encontró que 97 % de los participantes compra productos elaborados en Puerto Rico, una señal importante de apoyo al producto local. El estudio, realizado entre 1,600 consumidores responsables de las compras del hogar, también detectó crecimiento en las compras digitales de alimentos y cambios en las prioridades del consumidor.

Sin embargo, apoyar el producto local no elimina las restricciones presupuestarias.

Cuando electricidad, vivienda, transportación y alimentos compiten por una cantidad limitada de ingresos, el consumidor termina tomando decisiones sobre dónde reducir gastos. El supermercado ocupa una posición singular dentro de esa ecuación porque satisface una necesidad esencial, pero eso no inmuniza al sector frente a cambios en cantidad, marcas, productos o frecuencia de compra.

Los próximos meses serán decisivos

El verdadero impacto de la nueva tarifa no podrá medirse solamente observando el recibo eléctrico de octubre.

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Será necesario seguir durante los próximos meses indicadores como precios de alimentos, ventas al detal, empleo, horas trabajadas, aperturas y cierres de establecimientos, inversiones y expansiones empresariales, cambios en los patrones de compra y nuevas modificaciones de la tarifa eléctrica. También deberá observarse si los comercios independientes experimentan el impacto de manera distinta a las cadenas de mayor tamaño. Las advertencias sobre posibles cierres empresariales durante los próximos meses deben tratarse por ahora como escenarios y no como resultados inevitables. No existe todavía evidencia suficiente para establecer cuántos comercios cerrarían ni para fijar marzo de 2027 como una fecha general de quiebre para el sector.

Lo que sí puede documentarse es la convergencia de varias presiones: electricidad más costosa, altos gastos operacionales, consumidores más cautelosos y una economía comercial que necesita mantener competitividad mientras absorbe nuevos costos.

El interrogante de mediano plazo ya no es únicamente cuánto aumentará la factura eléctrica.

Es cuánto de ese aumento puede absorber la economía puertorriqueña antes de comenzar a modificar decisiones de inversión, empleo, precios y consumo.

Periodismo Independiente con Propósito 

Fuentes consultadas

Associated Press, Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA), Cámara de Mercadeo, Industria y Distribución de Alimentos (MIDA), Radiografía del Consumidor 2026, Metro Puerto Rico y Platea PR.

 

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